Sunday, August 21, 2011

Presentamos a la escritora argentina ESTELA MARY SOLIANI , y su pluma que resplandece desde la Patagonia mágica: Prohibido por el Fuego, su poemario próximo a editarse.




PROHIBIDO POR EL FUEGO

Hay lugares que no pueden cruzarse
 porque están prohibidos por el fuego
Solo una conciencia violentada
 por el hambre de sentir los  vuelve cuenca.
Rosa venida desde antes
 que la primavera fuera un sitio, alegre o triste.
Piedras lanzadas al cenit  yacen rotas sin un ángel.
Días que no terminan  nunca
porque están señalados con la puntada de la muerte
Acólitos idílicos de una niña
 trasgrediendo umbrales que nunca serán suyos.
Páginas blancas  del amanecer
 en aquel cuento infinito
 donde caben todos los finales,
y sólo hay que elegir uno.
Beso indescifrable del invierno
 reptando en la lengua de los leños para
invocar a los perdidos de allá afuera.
La húmeda insistencia en el borde de la copa
 y el labio martirizado en el cristal
donde transcurre el adiós.
El esbozo de un milagro prometido y denegado,
 lugares soñados por mi fatua incandescencia
nos buscamos,  nos debemos un abismo. 




BENDITOS  Y MALDECIDOS

Se entrecruzan
me borran las fronteras,
culpa e
inocencia
se agrietan en mis desgarros

Canto subliminal de un deseo
derriba mis defensas.
Incierta persigo a  la desgracia
en el destino
pero esta sólo se paga
con la muerte.

Perfiles donde estalla el beso
de las sombras a contraluz
Sabios y diablos se entretejen
Imagino inclinar la balanza
Hacia la buena estrella
de benditos y maldecidos
una constelación
me precede.


  
 Un río de preguntas anda suelto…

A golpe de parches las manos endurecidas,
callan el frío  en la  memoria.
Duerme la arcilla fuera del molde
Y en las plazas  crepita el caldero

Sentir  y buscar sin que nadie responda
puertas y  ventanas  cerradas
 no llevan a ninguna parte
Paisajes contrapuestos
Legitiman las ausencias
Se alzan muros invisibles
Entre el dolor y la indiferencia

Bocas selladas al beso
Magra sangre trajinada
En el vino de los sudores.
La protesta resiste crucificada
Sobre  el lienzo  del otoño




REHEN DE LA MEMORIA

Con  altibajos canta su ayer
Color ocre la memoria
Entre madrigueras que el sol no vio
Piedras al cántaro ruedan
Para alborotar el sueño
De galerías profundas

Se quedan sin oír las respuestas
Amparados en  mis pudores
Todas las  palabras guardadas
Para no lastimar
Ahora se ensanchan
Con la extensión de un desierto

Nombres y ausencias
Dolores miserables
Inexplicables injusticias
Amores decapitados
Muertos inalcanzables
hierro candente
 en mis huecos resuman

Así estoy, retenida en el mirador
Sin poder saltar al vacío
Donde la red de los recuerdos
No me asegure
Una prolija existencia




AMANTES

La luna amamantaba  a la noche expuesta.
En el jardín del delito, 
la rúbrica del último beso  despertó a las caracolas.
Un tobogán sempiterno se escondió en la sombra de sus ojos
y el adiós no pudo detenerse a pesar de las ofertas.
Se fueron  de a pedazos  
clavando  puñales en sus promesas
Posaron  huellas  en el declive
de orillas opuestas,
por las  que el viento pagaría,
 un tímido rescate de arena  



  


LA  ULTIMA  NOCHE

Una  ángel cruel me regurgita
sobre la cama
y las sombras tallan mi cuerpo
para el olvido.
Fragua candente
estrena un dolor de  agua prohibida
Brebaje de círculos perfectos
para una fiebre geométrica
sin  salida.
Chal de estrellas  adornan
el orificio oscuro
y una mano sagaz me introduce
en la patria viva de los que
cruzaron la última noche.



IMÁGENES

En las fibras del amor golpea la inocencia
Ellos permanecen sin voz
Como la diatriba de los condenados
Los perros  abandonados de la ciudad
No son su anecdotario
Sino el sentir hondo de su pulso
En el celaje  transparente del amanecer
El frío está vidriado en el aire.
Las cabezas gachas de la gente enfundan el propio sol
La ignominia de su sola  urgencia
Constriñe la mano y la pena
La mezquindad, es ese  burdel del alma
que llora lo que no ofrece.



 TRISTEZA

Muralla definitiva donde se estallan los principios
de un teorema subvertido.
Razones a cuentagotas, canales a contracorriente
Puñado de artilugios se  escapan entre los dedos
Naufragada mujer en territorio selvático
Con mi propia piel escribo una defensa  en los peñascos
Y desoiré el trueno resquebrajado entre mis huesos
Por delante pondré la tristeza, magia incorruptible
Vencedora de batallas vena adentro
No hay palabras para un dolor inexpugnable
Hija de la desnudez, fuente de escarcha
Vuelta sobre mi cara
Deshereda cenicienta de los libros sabios
que la razón estiman.
¿Cuál es la cuna de la ecuación
que la explicaría?
Sin embargo la encuentro siempre ahí
Cada vez que abro una puerta ante la ausencia
Y vuelvo a reconocerme centro de la bala
en un mundo imperfecto.
Manos condenadas que se encuentran
Y después de leerse se olvidan
Albergo la tristeza  en el punto
Mas ignoto de mi misma.

  

VOCACIÓN

Me miras desde una velada apariencia
Irracional gota de miel en mis pupilas
Danza de un mantra  en mi boca
 Pronunciará   la palabra
Que te tenderá dormido
Alcanzaré el secreto sabio
Con la mano abierta en el ancho de tu espalda
Y  diré ¡ganaste la reyerta!
hoy que pergeñan socavones
Alrededor  de mi partida.
¿Quien sino es el que pulsa
Este secreto exilio entre neblinas
ataviadas para parir el día?
¿Quién me margina de los objetos cotidianos?
¿Quién me señala lenguaje sin contexto,
violencia sin sujeto?
¿Quién interpela a los relojes
en  los seráfica clausura  de la tarde?
El tiempo que pasa me desviste
Para una fiesta inmaculada 
Con la máscara de pedir piedad
Disfrazo esta dulzura ciega
 ¡éxtasis del límite!
Cuando vienen sobre mi me dejan sola
Todas las razones de la vida.

  


TRAMPA  DE LUZ

Me obliteran boca abajo y me amedrentan
No hay humo, no hay  hogueras
solo mi nombre quemándose en la sal
He abjurado de este torneo
que pone por trofeo  a mi cabeza
He declarado desierto mis bastiones
y arrojé la llave del último cerrojo
vencida y en la trampa
vine a salirme  por la boca del sueño
y ya no estabas.


  

OPORTUNIDAD
En la ranura del día acecha la promesa que me ceba como un tigre
Llevo el fuego de las horas malgastadas en la espalda
Y de pronto una mano se abre sin cuchillo
Una planicie, mitad arena mitad magma
Como una culebra me espanta y me fascina
Es el juego de elegir  y yo sin máscara y sin doctrina
Pertrechada en las alas de un delirio
Vuelvo por la espada y el martirio

  

ARMONÍA

Las razones que cierran el círculo,
tan sabias como una dialéctica
Tu mano que separa-une
la caricia y el rostro.
Tus pasos cerca-lejos
Un puente se ha tensado
Sobre dos territorios
Esto es la armonía.
Un pájaro desangrando
Y la tierra codiciosa  
Esperando  su riqueza
Un sediento sobre las piedras
mientras todos los ríos
del mundo susurran impávidos
su ser de agua
Esto también es armonía
¿Quién habló de belleza?



MUERTE  EN LA CALLE

La noche se escribe al costado  de una bala
Unos metros más acá  se curva un cuerpo
Roja efigie  centrada  por el odio detonado
sin un nombre
Suerte de barrilete en el péndulo
de un hilo, no habrá quien lo aparte del
rostro azul del viento
Mudez de la esquina estrellándose en el muro
Desfilan esqueletos calzados en zapatos
Esta  ciudad cuenta los muertos
con ábacos de arena 
La soledad ha decretado
Un vacío de castradas conciencias

  

RETRO

Hay espejos en el alma
como pasadizos interminables
réquiem donde aliteran
las formas del pasado
La infancia es  recuerdo
consagrado y pervertido
Habitáculos del corazón
con la luna en medianera
Infancia trepando por la risa
Y encallando en los silencios
Del  cuerpo que crecía
Fruta derramada esculpida en el vestido
Rodillas de azúcar quemada, conmoción
de fábulas, lágrima clara sobre el tintero del día.
Naipe marcado, el tiempo que vendría
Apilaba palabras que un día creería mías
Alud de seda y acerado limo
Rincones de la pasión donde me pergeño
Cada día, me reencuentra
 antigua y recién parida
Atajo subrepticio bajo una piel gastada
que no la nombra.

ESTELA MARIS SOLIANI

Estela M. Soliani



 Breve Biografía

ESTELA MARY SOLIANI (1954)
Nacida en Idiazabal, Provincia de Córdoba, (Argentina). Desde su juventud vivió en Justiniano Posse, localidad de la misma provincia y actualmente  reside en Plaza Huincul, Provincia de  Neuquén. Es Profesora en Psicopedagogía, Profesora para la Enseñanza Primaria y Licenciada en Psicopedagogía, egresada de la  Universidad de Flores, Buenos Aires.
Escribe desde muy joven sólo por el placer de hacerlo.
Organiza y participa asiduamente en Café Literarios y Encuentros de Escritores Provinciales y Nacionales.
Es miembro de la Comisión de SALAC (Sociedad argentina de  Letras Artes y Ciencias), filial  Plaza Huincul. Es miembro de AMA (América Madre) Institución cultural con apoyo de la UNESCO, filial  Plaza Huincul.
Ha formado parte  recientemente junto a otros  autores, de  la Antología sobre poesía y relato breve: Navegantes en la Patagonia.
Tiene publicaciones en la Red  Filosófica del Uruguay y en la Red “Haciendo escuela” donde escribió un ensayo sobre educación. Ha  publicado en España una Experiencia de Capacitación Docente en La Revista Iberoamericana de Educación (versión digital). 
Actualmente además de escribir poemas y cuentos, se dedica a la Investigación Pedagógica  y esta preparando junto a un equipo un libro en ese ramo, de próxima edición. 

Contacto: estelasoliani@yahoo.com.ar

Wednesday, August 17, 2011

Ancile: JAVIER VILLEGAS FERNÁNDEZ: POETA INVITADO

Ancile: JAVIER VILLEGAS FERNÁNDEZ: POETA INVITADO: "Tenemos el placer de inaugurar esta sección tan estimada nuestra de poetas invitados, con el primer autor allende nuestras fronteras, conc..."

Wednesday, August 10, 2011

Los versos del abedul



I

De la herida vengo, de cada gota
derramada en la tierra de los fuertes.

Desde la hierba crezco
hasta ser abedul, tántrico y sublime.
Sólo mi piel, como un vestido estival
para tus manos
te oye atenta y se deshace voluptuosa
cuando amaneces verso.


II

Se quebraron los cielos 
y la sombra  que traigo cautiva
se estrelló  sin sus  alas, en tierra.

¿Dónde  estabas, sinsonte que cantas
desde los campanarios?
¿Dónde, raíz  desmelenada al viento?

Es tu lengua un oasis que fluye,
bastión con hogueras de gozo
y vocación de Orfeo.

III

 Es que entre tú y yo,
se acabaron las puertas
las paredes levitan,
nuestros pies han huido del piso.

Ante ti, y abrazada a tus plantas
la noche se suelta el cabello
se esconden los búhos
una densa neblina nos cubre
de los ojos del tigre
y consumo tu Verbo, sin prisa.


IV

Me desnudo.
Eres santo y demonio que en ciernes
otea mi rastro.
Te desnudo.
Soy la hembra del sol y el estío
me cubre los párpados.
Hoy declaro ser aguas, espumas
lamiendo tus piedras,
caricia bajando sin diques.


V

No hay palabra que falte a su cita. Ni silencio
que devele tu aroma en el aire.
Me sellaste en tu piel con potencia
de un verso de fragua,
animales de dura contienda
rodando en la nieve del mundo,
el de arriba somete,
el de abajo suplica
y la luna que vira su rostro
y se muerde los labios.


VI

¡Quién pudiera atrapar tu sonrisa!
En un tálamo blanco te sueño.
Mi cintura que tiembla
se ha hecho parca deseando  tu boca.

Soy apenas delgado horizonte
en su larga penumbra,
un puñado de abiertas vocales
que siente tu trazo.
¿Dónde estabas, mi rayo de luna
la noche fatal  de los  vientos
cuando gemía por ti, la campana?


VII

Soy un rascacielos hoy
Y ayer, era esa aldea polvorienta
en la mente afiebrada del beduino.
Un pájaro temiéndole al cielo,
un viejo mercader preocupado por su bolsa.

Hoy me habita tu nombre estatutario
tus besos dictadores,
el camino brioso de cien dedos
por ese  surco que abre tu mirada.

Siémbrame como tierra que suspira
al embate de gracia, árame
muele entre tus dedos
este terrón de soledad, partido.
Hazme desde el grano que se quiebra
desnudo y suplicante,
raíz que se aglutina en tus columnas
y me descubre al alba.

Tálame desde la espesa fronda de tus noches
floréceme  a la hora de la siesta
y cosecha de mí, bajo la sombra
todo el grano que entre en tus lagares.

Pues,  harina seré sin artilugios
masa que leuda  genuina y multiplica
para que huelas la vida cuando pasa,
y no mueras jamás.



VIII

Con hojas de abedul entre mi pelo
preñada  en luz,  para ti vivo.
Y el día, que amaneció de pronto
boquiabierto  enciende sus candiles.

Verso que de valiente intenta
erguirse entre dos ejércitos
y ofrecer su pecho de paloma.

Es un hijo que nace entre los dedos
cuya paternidad  reclaman los mares
cada vez que rompen sus espumas.

 Jeniffer Moore

Friday, July 08, 2011

Ancile: POESÍA INVITADA: FRANCISCO BASALLOTE

Ancile: POESÍA INVITADA: FRANCISCO BASALLOTE: "POESÍA INVITADA: FRANCISCO BASALLOTE En esta segunda entrada de nuestra sección, Poetas invitados, tengo el placer de traer para la ..."

Wednesday, July 06, 2011

Pro-vocativos sin reservas

  
Fotografía tomada por Jeniffer  Moore bajo la sombra del flamboyán, en los Cayos de la Florida.


I

No sé quién eres
 pero te percibo estrella,
constelación en danza
la extraña expresión de la utopía.

¿Qué faro te alumbró la noche,
qué olas enervadas  te encallaron
entre mi orilla de fantasmas
y aquel oscuro puerto
donde tus naves se deshacen?

No sé quién eres
pero  te percibo estrella
en la honda conciencia del que sabe
que hay ofrenda especial para el cautivo:
una canción purísima  y maldita
 que vuela en el ave, sin respuestas
y da contra tu pecho.


II

Provócame
desde aquel horizonte empozado en tus ojos
desde tu mano que lapida nombres
 y destituye abecedarios.
Arrástrame 
como un papel sangrando, hecho pedazos
 por la ira de Ares, quien te cobija el verbo.
Tritúrame,
devastador  en el seno de tus corrientes
que no hallan descanso,
en esa soledad que abruma
cuando se asoma.

Porque si no lo haces
probablemente
un desierto poblado de peces y palmeras
te sorprenda en la boca
y suban por tus brazos serpientes de laureles
con  hambre de palomas
dormidas en tu lengua.

Puede que entonces, no haya
otra opción que arrodillarse
y lamentar la hora
en que nos conocimos.


III

Pesan  en tu hombro las palabras
tantas voces al unísono
vertiendo, cántaro partido, sus aguas turbias.

Te han dictado sentencia
los antiguos nombres escritos en los libros.
Geografías nuevas para tus viejos males
para tus ojos buscadores de tesoros centrípetos
para tus manos camaleónicas
que pretenden los hilos y el huso de Dios.

Te has parido símbolo.
Escupieron en tu boca todas las piedras
que golpearon la espalda de Erato.
Y rodaste, rodaste
hasta llegar al borde de una boca oscura
que promete la luz, que no conoce.

Pesan en tu hombro las palabras
ese bolso vacío de alimento,
lo que arrojaste a la basura
pensando que había expirado
porque ellos lo decretan
los otros, esos a los que nombras
y tiemblas, ciego de numen
cuando tus brazos se extienden al vacío.

Cuándo entenderás
que no hay otro, ni otros,
ninguno
que sólo eres tú
y ese lápiz moribundo
con vocación de Fénix.
  

IV

De nuevo danzas, simiesco 
al compás de clarines,  enemigos del tímpano.
¡Oh, Musas manoseadas, de virgo roto
por lápices impíos!
Mercenarios vestidos de gala
reclaman las primeras filas.
Llegan con un cuaderno bajo el brazo.

Ella  está llorando detrás de los cristales.

Hace tiempo, tanto tiempo
que no amanece. No deja de llover
todo es tormenta y  bártulos volando.
Qué profunda oscuridad nos ha caído
 velo de hierro, cortinas de luto
y  esta pálida ausencia del Ser
 incapaz de Palabra.

¡Oh, pobre Numen,  apaleada Euritmia!
Todo el cortejo de la antigua Grecia
yace arrodillado.


V

Tú, sentado a las puertas del verso
olvidaste el canto del árbol,
los acordes  que brincan
en teclados de picos y plumas.

Tú.  que abriste y sellaste caminos
y  resuelves  en jaque
las cruzadas de  reyes intrusos,
del ladrón que no tiene
otro rostro detrás de la máscara.

Tú, curtido de lunas que alumbran
sin paga ni horario,
has perdido la aguja
y no ves, no buscaste
en el ancho pajar de tu lengua.

VI

Sin embargo, tu boca aún no dice
las mejores palabras
y has salido a buscar por el mundo
lo que vive en tu pecho.

La desprecias.
Y aún así, como madre de un pródigo
ella otea a lo lejos.

Es ese afán de arcilla
que en el fondo de un balde sin aguas
aguarda que otros dibujen
el asombro en sus ojos.
Y le ordenen que vaya y  busque
lo que ellos jamás encontraron.


VII

Ven. Entremos a juicio.
Tú y yo, con el sol de testigo
y el sinsonte que canta en la rama.

Ven. Hay descanso de tanta miseria.
No miremos al Norte
Ni dejemos que el Sur nos engañe.

Hay un mar sin orillas,
de mareas y espumas eternas
hay silencio anterior a las voces
un silencio  eludiéndonos
sublime y necesario.
  
Ven. Estamos desnudos.
En las manos  llevamos la marca
de un árbol perenne
que florece una vez,  en la vida.
  

VIII

Hoy no quieres oír. Es el ruido
de la ciudad en llamas.
Se están quemando libros
y el mundo ríe.

Pero aún,  no es el fin.
Lo que buscamos
no ha sido escrito, todavía.


Jeniffer Moore

Sunday, July 03, 2011

Ancile: HOMENAJE A CLAUDIO SÁNCHEZ MUROS, O EL SENTIDO Y L...

Ancile: HOMENAJE A CLAUDIO SÁNCHEZ MUROS, O EL SENTIDO Y L...: "Diseño de Claudio Sánchez Muros para poesía 70 Tras la desaparición de Claudio Sánchez Muros, va a hacer un año en estas fechas, expone..."

Saturday, July 02, 2011

Ancile: POETAS INVITADOS: JENIFFER MOORE

Ancile: POETAS INVITADOS: JENIFFER MOORE: "Inauguramos una nueva sección en el blog Ancile , cuya designación para su mejor y explícito reconocimiento llevará el nombre de: Poetas ..."

Friday, July 01, 2011

De visita por el blog del poeta Francisco Acuyo Donaire. Gracias, Francisco.

http://www.franciscoacuyo.com/

Himno Blanco




¡Salve!... hombre de setenta y más
porque de todos, eres quien refunda
tribus perennes en mis venas.
El que ha descubierto
los antiguos albores de la luna.
Arco iris en mano, me vences
en un jaque de tres movimientos.


¡Salve!... hombre de sesenta y más
porque de todos eres quien se deja
montar sin bridas.
El que no pide ayuda cuando se ahoga
en torbellinos de mis labios.

Quien echa su armadura al fuego,
deja que el Arca se vaya con sus bestias
y me desnuda el alma mucho antes
de quitarme el anillo.



¡Salve!... hombre de cincuenta y más
porque llevas en el pecho el estandarte
y me haces noche sin brújula.
Habitas el gemido, resistes el desierto
para poder oír las cascadas en mi piel.
Y no me niegas
tus jardines ocultos.

El hombre de cincuenta vive
con un ejército de estrellas en las manos.


¡Salve!...hombre de cuarenta y más,
un centenar de potros te nubla la mirada.
Con las Pléyades bailas en noches serenas
y te anudas la luz a la cintura.
He reposado mi cabeza en tu pecho
navegado tu sangre.
Adrede, me he perdido en el brillo de tus ojos
para palpar ciega, las vivas paredes.


¡Salve!... hombre de los treinta y más
y tu andar de ciervo oteando a la distancia;
la seda que envuelve en fortaleza
tu delirio sin diques.
Una mirada basta, un solo beso.
Tú sabes que no te olvidarán.

Especialmente en los treinta y nueve
el hombre es rey
aunque no luzca corona.



¡Salve!... hombre de los veinte y más,
la expedición de tus manos y tu boca.

Sonríes avernal
derrochando en mi cuerpo
una y otra vez, tu pretensión de tirano.

El desprecio de todos los dioses
y mis pechos alados de ninfa
por tus veintitrés sonrisas de ángel caído.

Jeniffer Moore

Wednesday, June 29, 2011

Las Voces del Silencio: JORGE LUIS BORGES

Las Voces del Silencio: JORGE LUIS BORGES: "    CAMINATA Marta Mayol OLOROSA como un mate curado la noche acerca agrestes lejanías y despeja las calles que acompañan mi soledad,..."

Sunday, June 26, 2011

Ser Poesía


Ser poesía, buscarse
ya no desde las manos
o la débil entraña.

Ni en el reflejo del sol
en los cristales.
O en el laurel que trepa
ebrio de muros.

Tampoco en la furia del mar
que no acaba en la orilla.

Ni en el fragante aroma
de una mujer en flor.

Ser poesía, llover
sobre los campos, sin nombre;
llamarse a media voz, en las inciertas
llanuras clandestinas.
Luciérnaga en el mar,
si la luz de los faros
no quiere ya alumbrarnos.

Llamar a viva voz, llamarse,
despertar alguna vez, sonriendo.
Anunciar que el pájaro, en su nido
emigrará de pronto
cuando menos lo espera.

Jeniffer Moore

Nereo


Sin temores, navégame
Nereo mío
rémame, rema
hunde tu fuerza en las corrientes.

Bronce que suda
Nereo mío, multiforme como las brasas
de hogueras demenciales
volcándose en mi pecho
todo caricia.

Voy por la tórrida pendiente
de tus lomos sombríos,
veo tu sangre agolparse en la andanada.
Rémame, rema
que en candado de fuego
mis piernas te ayudan.

Jeniffer Moore

Nocturno a deshora


Deja que me quite los zapatos
uno a uno
y muerda la manzana.

Es la luz de la luna
que atraviesa el cristal
y me trae tu boca y el beso.

Es la luz de la luna, amor
sobre las lenguas
sobre las manos
rodando por los hombros,
entre mis pechos.

Es la luz de la luna, sabes
este estar ebria de tu fuerza
del susurro al oído
de ese terco silencio
si me acaricias.

Es la luz de la luna y tu voz
lamiendo mis orillas,
mar incalculable
que ha perdido la calma.

Es la luz de la luna y tú
el que deja en mi piel, esta noche
ese aroma al amor que no espera.

Jeniffer Moore

Sunday, June 19, 2011

Sueño




Nos soñé entre los mangles
en la tarde de lluvia.

Nos soñé abrazados
hacia el mar que ondulaba
con el ritmo que tú haces
nacer en mis caderas.

Y mi falda mojada
y tus cálidas manos.

Silbaba una canción el viento.

Las aguas restregaban
su lomo en las orillas.

Y no había en el mundo
otros dos, semejantes.

Jeniffer Moore

Thursday, June 16, 2011

Bre-vehementes ***** Parte II





I

Si tú supieras
los ciclones que nacen
de estas manos furtivas
y sus vientos montados
en la flor del deseo.

Si tú supieras
cómo muere el sinsonte
de placer en mis ramas,
cuando cae la tarde en un éxtasis puro
y se quiebra de gozo, la luna.

(No te quedes parado en la puerta:
huye ahora y te salvas).

Soy tu noche más honda
otro oscuro designio.
No me dejes cazarte tan fácil,
no permitas que me harte de ti.


II

Se deshacen de ansias
tus ojos entornados.
Ya no es agridulce
el sabor de la noche.

Con los puños sangrando
en andenes vacíos,
no desciendo del tren que tú esperas.

Hoy tampoco será como quiere
tu piel encendida.





III

Son tus ojos manchados de luna
el influjo siniestro de Circe,
las aves del Hades.

Algo cierto quemando las sienes,
Una nueva palabra.
.
Necesito pescar en tu boca
cien peces de fuego.
Atrapar tu deseo en mis manos
sin hundirme en la red.
(Esos ojos, mi amor, esos ojos…)



IV

Me he quitado hasta el nombre
y me tienes tendida
en altares de incienso y suspiros.

A filo de puñal invado
el extremo de un beso.
Y me arranco despacio los ojos
para no profanarte,
hombre mío, de lava y ceniza.

Ven y dame en el templo de Eros
una noche de amor en la lengua,
esa lengua que obliga el milagro.



V

Cada vez que te vas,
se me escurren del alma, los huesos.
¿Cómo puedes tener
el volcán de las horas, contigo?

La ciudad criminal me sofoca,
al oído me ríe un no vuelve.


¿Qué poción de tus tantas alquimias
has mezclado en mi sangre, esa noche
que llegaste y me amaste en la puerta
en la alfombra, el sofá, las terrazas
en los techos vecinos
sobre el mármol de los cementerios,
con las cruces de cada difunto
a mi espalda, tatuadas
con tu dedo de ángel y mago?.



VI

Si me piensas, yo tiemblo.
Me deshago en los brazos de Erato
y sin aire, suplico.
Una hoguera de extraños fulgores
se debate en mis pechos.

Y soy maleza
bajo fuego implacable de manos,
sin refugio de muros.

¿Quién vendrá y abrirá las ventanas
con razones en vilo
para alzarme descalza, en un verso?.




VII

Yo te sueño en mi boca
consonante y vocal, repartido
en cien lunas desnudas
sobre el agua, temblando.

Arrojaste tu cetro y corona
a los pies de mi cama.

Y abdicamos cien veces,
y cien más, nos hicimos esclavos
gladiador, damisela, piratas
soberanos, perdiendo sus reinos
en un grito feroz de victoria.



VIII

Con tan poco me tuerces el rumbo.
Esta noche no puedo
más que hacer en el aire, el dibujo
de algún verso extraviado.

¡Oh, tu espalda de playa
y el vaivén de tus mares!

En mis grietas se filtran
los oscuros delirios,
el rugir de los truenos,
la ira de un Zeus que desciende
y me lleva a su Olimpo, cautiva.



IX

Deja que te recite la aurora.
Amanezco de estrellas
con azules andinos huyendo
hacia el claro de tus manos.

Apoyar mi cabeza en tu seno
sobre aguas fecundas
conjuradas al salto
en natural deslave.

Y tu aurora me abrace
aunque Junio no quiera.



X

Voy por tus campos florecidos,
florecida también
como tus campos.

Espiga de trigal que sueña
si me provocas.
Voy en estío,
cual ave en fuga
con su nidal en vuelo.

El cerco de tu abrazo ciñe
el sol a mi cintura.

Busca mis labios rojos
con la furia de un verso
perdido en la montaña.



Jeniffer Moore

Monday, June 13, 2011

Haikus del Arco Iris



Rojos

Alga y coral
sueño tu boca, mago
noche en el mar.

Media canción
bajo la luna llena
de mi ilusión.

Temor me das
a descubrir el breve
canto del mar.

Brisa marina
trae a mi pecho olas
de sus caricias.

Sobre tu vientre
el mar es más glorioso
ancho y ardiente.

Arenas níveas
se confesaron presas
de tu vaivén.

No te imaginas
cuánta sombra le otorgas
a este verano.

A medianoche
busco el fulgor plateado
de tu sonrisa.

Subo a la cresta
de tu ola más alta
y no regreso.

No te descubras
Mi mano no necesita
llave, ninguna.


Rosado

Equilibrista
busca en las aguas calmas
rosal de plumas.



Verdes


Por las mañanas
en el trino del ave
Mozart regresa.

Mi granos tiernos
los pajarillos sueñan
y yo, sus alas.

En el follaje
se ocultan el conejo
y la serpiente.

En mi recuerdo
el campo de tus ojos
pampa salvaje.



Grises

No hay campanario
y tantas golondrinas.
Inútil vuelo.

¿Otra vez, noche?
Nuevamente llovizna.
Largo este invierno.

¿Será posible
desde el alba al ocaso
no mencionarnos?


Amarillos

Trigal maduro
tu boca pensativa.
Cosecha cierta.

Dicen que dicen:
los infieles regalan
rosa amarilla.

No niega el sol
el oro de sus manos
ni a la noche.

Este camino
lo recorrieron otros
sin percatarse.

Otoño y llanto
con sus hojas se alejan
sueños y penas.



Blancos

Canta el poeta.
Su voz, grano de sal
sobre la lengua.

Ladran los perros.
En los techos nevados
la muerte espera.

Por qué llorar
si la noche se lleva
la oscuridad.


Jeniffer Moore

Ancile: COGNICIÓN Y POESÍA

Ancile: COGNICIÓN Y POESÍA: "COGNICIÓN Y POESÍA EN   poesía es harto frecuente, sobre todo cuando nos encontramos ante determinados recursos de estilo –retóricos..."

Friday, June 10, 2011

Friday, June 03, 2011

Ancile: HAIKUS EN LOS CÁRMENES DE GRANADA

Ancile: HAIKUS EN LOS CÁRMENES DE GRANADA: "HAIKUS EN LOS  CÁRMENES DE GRANADA Estimados seguidores y amigos, ofrezco en flamantes nuevas entregas una selección breve de  haikus ..."

Saturday, May 28, 2011

Juan Benzo González, una voz que se alza desde el confín austral de Argentina.



La carga

El Encarnación hizo las artes. Él mordió el plomo y tiró despacio y firme girando para abrir la bala y con el mucho cuidado de las cosas preciosas y la lentitud de lo consagrado, sin temblores ni dudas la acercó a la botella, y como quien suelta la ceniza del pucho descargó la pólvora en la caña contrabandeada, castigándola con el único dedo que no sujetaba el bronce.

Los demás ya sabían qué sucedería. El Ángel se rió por anticipado y siguió picando ñaque. Él era muy zorro y se reía guaso como zorro y esa risa movía algo que no tenía nada que ver con la alegría. El Juan, que ya venía bebiendo de la primer botella, pensó en el grito de un chimango. Que como un chimango anunciaba su desprecio por la muerte y por el orgullo y el Ángel le pareció más sucio que de costumbre. Carroñero y despreciable.

Se ocupó de seguir con la mirada el facón opaco y sin vaina cortando pelo a pelo la cuerda reseca de tabaco. Eso si lo sabía hacer bien. Lo que era vicio si lo hacía bien. Eso y la alcahueteada. De trabajar nada, nunca nada. No entendió que hacían escuchándolo y atendiendo sus razones. Era la ruina él y todo lo que de él resultara, pero se había hecho prestar oídos y ahora el Encarnación, más inescrutable que nunca, dijo que esta noche lo arreglaban todo.

Imaginó que de seguir adelante iban a terminar como “el chusco”, pobre pingo. Sintió pena por el caballo ajeno y su voluntad avasallada. Él vio cuando el Ángel le roció hasta los ojos de caipirinha para que aprendiera a no relinchar y lo encendió con el yesquero riendo con rencor por el animal. Estaba bien que el animal era suyo y que no debía hacer ningún ruido jamás, pero la mancha blanca del ojo arruinado conservaba el horror vívido de ese trance y lo acusaba de haber dejado las manos libres del Ángel, que siempre tenía algún rencor por los vencidos o los indefensos.

Cuando entró Yamandú, Encarnación le alcanzó la botella y explica que el Ángel dice que lo vio al Camundá en lo del tano hablando con el milico Zelmar y dice que lo escuchó como le decía por dónde pasábamos el contrabando y cuándo. El Juan lo oye otra vez, y se le viene de nuevo todo otra vez, la sorpresa de la voz de alto, las puteadas, la fuga, los tiros, la carrera en el monte de pronto desconocido y de pronto enemigo; y perdida la carga toda, tener que dejarlo al Obdulio atrás, juntarse después para saber que lo habían sacado de abajo del caballo que se había mancado y le rompió una pierna, que iba al hospital para caer a la cárcel en donde se lo iban a olvidar.

Tener que soportarle la mirada a la María con los gurises prendidos a la pollera, era brava la mujer esa y los iba a culpar, aunque no dijera nada los iba a culpar de quedarse sin la plata y sin el caballo, y sin la carabina ni el hombre que la ampararan. Lo miró más mala que el perro y se tuvo que joder como si fuera fácil tenerse que joder porque una mujer lo mire feo a uno. Tampoco se iba a cargar a la familia del Obdulio, les arrimaría una vaca o un par de capones para que fueran tirando pero, si era muy generoso las malas lenguas lo pondrían de punta con el preso y era candidato para la desgracia.

Hasta seguro que la Mercedes lo mirará en silencio cuando sepa de la vaca o los capones y aunque no diga nada será un dolor y un rencor que aflorará tarde o temprano hecho reproche en una discusión con silencios y llantos con los que no sabrá que hacer.

El Encarnación agitó el líquido turbio en el que llovían los cristales fulminantes llamando a la rabia delante de su cara y el Juan tomó la botella por el cuello y sin limpiar el pico empinó tragos horribles. Apretó los ojos y los labios y alejó la bebida de sí, devolviéndola, pasándosela a otro. La respiración retornó avivando el incendio que lo recorría por dentro y lo estremecía.

Tosió ahogándose y la boca se le llenó de babas, carraspeó y escupió una bocanada de mocos y saliva; sólo entonces pudo ver de nuevo al Encarnación que lo miraba y en los ojos rojos del que hacía las artes adivinó los suyos rojos de su sangre y de la sangre por venir.

-¿El Camundá batió?- Aún así de borracho, Juan no lo imaginaba al Camundá delatando a los amigos.- ¿Cómo va a ser si nostaba en la cosa? ¿Al pedo iba a batir el Camundá? –

Encarnación lo mira desde una altura y una distancia que parecen venir de la borrachera poderosa que lo toma como una garra de aguilucho por la frente y apreta anulando toda razón. La propia respiración le resuena en toda la cara y susurra en las sienes como el retumbar de una marcha que concluiría únicamente cuando el traidor dejara de respirar. Abrió la boca buscando otro sonido, pero el ahora jadeo, en vez de compás de amor, es uno que llama a muerte.

Quedó escuchando y vio al Yamandú derrotado y no imaginó sí por la bebida o por el nombre del delator. No podía ser Camundá si el Camundá era gente de farra y macanudazo el hombre, ¡las veces que les dio pase por su campo sin pedir ni preguntar nada, si hasta caballos prestó! No podía ser, sabía que no la iba en nada y no lo imagina en componendas con los únicos cuarto milicos astrosos a los que se les ocurre vigilantear en toda la frontera.

¿Para qué?

Se le vacía el pecho de todo su aire y parece que con el aire se le va el piso. Vuelve Encarnación y le ofrece otro trago que parece de piedras. Hace un gesto con la botella ya casi vacía y de a uno se incorporan y van saliendo, Yamandú, el Ángel, Encarnación y los hermanos Suárez, con él la partida es suficiente para ir a buscarlo y hacerle pagar por la suerte del Obdulio, sacarlo de la casa si es necesario y hacerle pagar.

Los caballos están más esquivos que de costumbre, los estribos más altos y las riendas más largas. Cae sobre el lomo como si hubiera caído al piso y se golpea, el dolor apagado le produce un escalofrío que le recorre la espalda. El Suárez Chico se adelanta y aunque Juan intenta el mismo rumbo el caballo insiste en llevar al borracho de vuelta a su casa. Finalmente, como si hubiera entendido, con una carrera corta “Caña blanca” se pone en el final la columna y el jinete se desentiende, se ensimisma en su enardecimiento y se imagina hablando con Obdulio explicándole que está pasando y cómo lo van a vengar y en su imaginación aparece la familia de Camundá y su entusiasmo y su violencia se disipan. Se le impone la vergüenza casi como se imponen las sombras de la noche al atajo recorrido.

Una nausea se le trepa desde el estómago y el Juan vacila sobre el lomo del animal y amaga caerse. Reacciona como quien despierta justo para atajarse y el caballo gira en torno al jinete medio caído y medio colgando, hasta que enfrentado a un matorral el animal se detiene y es el tiempo de Juan de asujetarse como puede y de talonear al “Cañas blancas” para que retome su marcha, y queda de nuevo a la cola de la columna.

Necesita despertarse de alguna manera y en ése afán saca el cuchillo y muerde la hoja con todas las fuerzas que puede encontrar y siente como se le hunden los dientes. Asombrado, se saca el cuchillo para buscar las marcas de los dientes en la hoja y la escasa luz le oculta la visión. Ahí anda de ceño fruncido mirando un cuchillo en la penumbra cayéndose de la cabalgadura, cuando traga y descubre el sabor abundante de la sangre bajando por garganta y recomponiéndolo de sus padeceres.

Allá adelante lo están matando al Ángel. Tira de las riendas y mira de nuevo y ve como al Ángel lo apuñalan de los cuatro costados y cómo ya ni se ataja. Los ve limpiar los cuchillos en las ropas del caído que da el alma entre estertores y esperar que acabe para arrastrar el cuerpo y tirarlo a un pozo abandonado en el que jamás se volverá a beber y se acerca.

Encarnación lo mira y le dice que tenía razón en creerlo inocente al Camundá, que el Ángel avisó a la milicada y que lo inculpó al Camundá porque lo había corrido de encontrarlo hablándole a la hija grande y le había dejado el lomo a la miseria de tantos lonjazos que le bajó. Ladino como era quiso quedarse con la parte del matute que le regaló el Zelmar y con la hija del Camundá, lo que no imaginó que el Zelmar por muy milico que fuera no iba a dejarlo hacer semejante macana y como quien no sabe con quien está hablando le dio a entender al Yamandú de que se trataba la tramoya.

Y que como no le quiso creer le dijo:
- Ya va a ver vo si el Angelio ése no te lo manda preso al Camundá-
- ¿Y se pude sabé que me decí eso ahora?-
- Yo seré milico todo lo milico que quiera, para eso me paga el gobierno y me da arma y l´uniforme y l´autoridá, pero en ninguna parte ta´scrito que por eso sea ansí de mundicia. Yo no sabia que quereiba el entrañudo ése a la final.-

Se alegra el Juan de que sea este el fin de esta andanza y no el otro y sonríe aliviado hasta que el Encarnación le alcanza las riendas del “Chusco” ya despojado de todo y le dice una palabra sola:

-Despenalo.-
-¿Despenarlo?-
- Si, despenalo al desgracia éste bien lejos.-
-¿Por qué tengo que despenarlo al pobre desgracia?-
- Porque el bobeta de miércoles va a volver ande lo enterramos al dueño y lo van a encontrar-

Calla Juan y piensa que tiene razón, los demás encima del cuerpo tiraron todos los arreos y las ropas y, además, todo lo que está suelto y más o menos cerca. Piedras, ramas, tierra pastos, cualquier cosa.

El “Chusco” como si supiera la suerte que lo espera no se la hace fácil, desde el momento en el que Juan toma las riendas el animal se encabrita y resiste.

-¿Por qué yo?- Encarnación se levanta apenas el sombrero:
- Nosotro matamo al otro.- Juan ya no discute y elige un rumbo cualquiera, alejándose del pozo, de las casas y de Camundá. Anda toda la noche y busca palabras y ni se le ocurren ni sabe para que sea que las busca. Además, está todavía muy intoxicado y ya no tiene ganas de matar a nadie ni siquiera de hacer otra cosa que no sea rumbear para su rancho y dormir con la Mercedes, piensa que la Mercedes debe estar tibia y le debe oler fresco y limpio el pelo y tal vez, si usó una flor todo el día hasta tenga ése olor en la cabeza.

La luz del amanecer le entra en los ojos dura y destemplada. Debe ser por esta luz que a esta hora afusilan los soldados piensa Juan y piensa en voz muy baja que debe ser por eso que de noche matan los bandidos.

Se detiene y mira al condenado. El “Chusco” lo mira con el ojo sano y se aleja hasta donde le dan las riendas. Juan mira las ramas desde donde los pájaros del monte hacen la música de siempre, nunca tan inoportuna o inapropiada como ahora.

- Mire pingo bobeta, yo no tengo nada contra suyo pero el pavo es usté.- El penado lo apunta ahora con el ojo velado y esa niebla nubla su sentido del deber.

- No me la haga más difícil che caballazo.-

Obediente, el sotreta baja la cabeza y haciendo los ruidos del caso muerde arranca y rumia tres veces cada bocado de pasto recién amanecido con el sonido hueco que hacen al comer éste y todos los caballos desde que son caballos.

- Si usté me prometiera.- Ahora el pavote y el bobeta era él. No había forma que el sotreta le prometiera nada. - Mire, l´explico pa´ que aprenda, - y le habla al caballo que sigue comiendo como quien dicta sentencia - no hay que andar siendo tan culo de naides, si se hubiera dejado un poco de libertá y de orgullo yo lo largaba, pero usté es culo y a los culos cula suerte. ¿M´entendió?.-

Alza la cabeza el “Chusco” y Juan desenfunda. El “Chusco” curioso besa el arma y Juan alinea con el largo de la cabeza larga del animal y dispara. El “Chusco” saca la cara como arrepentido pero tarde e inútilmente. Se desploma y trata de correr con las patas en el aire en una carrera que termina con un segundo disparo.

Avergonzados, los pájaros se callan y el Juan descubre aliviado que él no era como el Ángel, y que no tenía guardado ningún rencor ni por los vencidos ni por los indefensos.


Sé todos los cuentos


I

  
Me contaron que nací en diciembre. Un diciembre. Que mis padres esperaban que naciera para navidad o para año nuevo pero que me conformé con nacer un sábado. Yo les hubiera creído el cuento de nacer en navidad, como les creí el cuento de haber nacido en sábado, llamarme Juan o cualquier otro cuento que me hubieran querido contar. Para cuando tuve edad de entender estas cosas elementales y había asumido el hecho que había nacido el día equivocado aunque ninguna intención tuve de hacerlo, mi padre falleció y aunque no recuerdo el funeral, recuerdo una fogata que mi madre hizo con las que me enteré después eran casi todas sus cosas y entendí el temor que sentí de ser arrojado a las llamas entonces.
La casa se hizo algo así como el lugar de encuentro de pobres mujeres afligidas que suspiraban acompañando a mi madre en su dolor recitando fórmulas de consuelo y asintiendo levemente con la cabeza. Una en particular me señalaba y gritaba: "¡Miralo, pobrecito, es igual al padre!" Así me enteré que iba a morir algún día, y que si los deseos de esa mujer se hacían realidad, ese día era cercano. Claro que era muy niño aún, pero de todas formas elegí las más grandes cucarachas que encontré en el sótano y acercándome por detrás las liberé furiosas caminando por las medias de la mujer preocupada por mi muerte, mientras aún las tenía puestas en las piernas regordetas y orientadas arriba, más allá de los límites impuestos por la pollera. Después de los gritos, mi madre me sentó y con la misma cara de escuchar aflicciones me preguntó que por qué le había hecho semejante cosa a la pobre que casi se muere del disgusto.
Todavía siento colgar mis piernas de la silla demasiado alta para mí y recuerdo quedarme un minuto en silencio, y aunque no era sábado ni había fuego, y aunque el intento fue tan infantil como los pantalones cortos o el deseo de ir a jugar, ése día empecé a inventar cuentos.


II


Verónica me invitaba a tomar café y siempre conversábamos de cualquier tema, el punto es que tenía la opción de hacer una escala técnica en su casa en cualquier momento y cada vez había una tregua para atenderme.
Esa tarde y sin ningún motivo aparente, en lugar de quedarme esperando el café la seguí mientras preparaba las tazas solamente para ver cómo a mi taza, la azul, secretamente le agregaba unas gotas de un frasquito.
Claro que se hizo un momento engorroso, sospechando no sé qué, señalé mi taza y pregunté qué era eso. Verónica titubeó antes de responder y eso ya era una respuesta. No la dejé terminar y la interrumpí con una risa. Lo que fuera estaba en el fondo de mi taza sin café y para su horror la levanté hasta mi nariz y la olí.
Juro que dudé, pero el olor era tan característico que me sorprendió. La cara de extrema vergüenza me lo confirmaba, pero de todas formas derramé un poco del líquido en el borde del dedo mayor de mi mano izquierda y lo volví a husmear más cerca de mi nariz, siempre mirándola a los ojos. Ella estaba paralizada, la boca entreabierta y la cara de cualquier color.
Estuve a punto de preguntar el por qué, pero de pronto era tan obvio que me sentí un completo estúpido.
Ponele un poco más, dije mientras me sonreía y Verónica se transformaba ante mis ojos. La ayudé a completar las gotas sin dejarla hablar, en esos momentos todos los diálogos sobraban. Yo mismo puse el café en la taza y pedí más azúcar en lugar de las dos cucharaditas de siempre.
Me tragué el café en sorbos rápidos, siempre mirándola a los ojos pero algo ya no estaba funcionando. Verónica no era vulnerable y oponía una distancia desconocida. Había bajado los ojos y se esforzaba porque los míos no los volvieran a encontrar. Me tragué sus fluidos porque también la quería, pero de la misma manera que ella no supo dejarme adivinar sus sentimientos, tampoco pudo interpretar mi gesto.
Ahora sabía su secreto, ya no tenía poder sobre mí, y de pronto ella me debía algo que siempre quiso regalarme. Una deuda que no quería asumir.

  
III

Nos despertamos, mi madre y yo frente a los ruidos de abrirse la cerradura del altillo y los pasos bajando la escalera.
Nadie de la casa durmió nunca en mi infancia en el altillo de pronto habitado y aterrante. Entonces mi madre y yo nos agrupamos como pudimos frente a la escalera y ante la oscuridad ella preguntó ¿Quién está ahí?
 La mano izquierda en el pecho y la derecha reteniéndome.
 La oscuridad persiste y no responde, hasta hubiera preferido que alguien hablara o bajara, a pero no, el silencio despreciaba la angustia desatada ante los pasos. ¿Quién está ahí?
 La escalera aparece iluminada hasta la altura del cielorraso, más allá no es posible distinguir nada. Pero que los dos estemos despiertos y al pie de la escalera confirma que escuchamos los mismos pasos y el mismo rechinido de la cerradura reseca. ¿Quién anda ahí?
 Mucho tiempo me tomó entender que el silencio era la peor respuesta posible, frente al silencio nada podemos resolver, quedamos solos con nuestros terrores. ¿Quién anda ahí?
 Niño aún empecé a subir la escalera, decidido a abrir la puerta y enfrentar la noche, pero mi madre me retuvo tomándome de la ropa.
 Niño aún me impulsaba la esperanza de la magia, de lo sobrenatural que asomaba en las lecturas que poblaban la biblioteca familiar. Demoré una vida en volver a ese momento y develar sus miedos y sus sueños rotos, comprender que ella había abandonado toda esperanza.
 A pesar de que los dos nos despertamos alarmados por el avance de los pasos invasores –tal vez para ella yo era parte de su sueño interrumpido-  decidió que volviéramos a nuestras camas a dormir, sin saber qué nos había sobresaltado.
 Esa noche aprendí que de las muchas cosas que heredamos, convivir con los miedos y dormir a pesar de ellos es algo con lo que nuestros padres también nos alimentan.



Carla

¿Te conté cómo me la levanté a la Carla? Yo sabía que la Carla era la amiga de Yolanda, y me gustó desde antes que ella me conociera. Así que una tarde me la senté con la Yolanda a conversar y le saqué que le gustaban esas cosas raras de los horóscopos, que andaba revolviendo los esoterismos y las metafísicas, flores de baj y propóleos, que se enganchaba con el tema y ahí nomás me estudié lo que encontré y le dije a la Yola que organizara una juntada, cumpleaños de no sé quién.
La encaré de una y antes que se lo esperara, ahí nomás, le adiviné el nombre y los gustos y la fecha de nacimiento y le mandé el verso que quería a un papá más que al otro y que había perdido a alguien cercano que le había producido mucho dolor y cuando estaba fascinada me jugué entero. ¿Querés que te adivine la suerte? Pedimos un mazo de barajas y adivinamos juntos.
Un nombre corto, con predominio de la letra “a” y un sonido fuerte. Alma… no, Alma no tiene ese carácter, debe ser Carla. Queda de una pieza, claro, la miro y le digo ¿Acuario? Y cuando ni respira remato: ¿Primer decanato? Entonces te gusta el chocolate amargo y las frutillas con crema. Para colmo el mazo que me traen es de póquer y casi me muero, ni se me había ocurrido adivinarle la suerte a nadie con un mazo de póquer.
No viejo, no, ¿Vos sos o te hacés?  no tengo ni idea de cómo se adivina la suerte de nadie ni con las cartas ni con nada, yo quería tener una historia con ella porque me tenía loco y punto.
Bueno, hice lugar en la mesa, barajé, tragué saliva y le dije que cortara con la mano izquierda. Soy zurda me dice y yo que le había adivinado hasta la fecha de nacimiento esa no la tenía. No importa, le dije y cortó. La fecha de nacimiento me la dijo la Yolanda, paparulo.
Primer carta y me acuerdo así tal cual el ocho de espadas. Ella me miraba y estaba casi encima de la mesa y no se me ocurría nada. ¿Qué quiere decir? Me preguntó y yo le estaba mirando el escote. La carta de la tristeza, no sé por qué pero se me ocurrió decir que era la carta de la tristeza. Yo estaba triste porque tenía ahí nomás los ojitos mirándome y la boquita abierta para mí y le respiraba el aliento y un poco más allá el escote y te da como tristeza, la miré a los ojos y ella esperaba que siguiera, iba bien. La tristeza es producto del desencuentro. ¿Ves que una sola contradice a las demás? Todas las espadas apuntan para arriba menos una. Quedó dura, mirá, ni respiraba y yo le di máquina.
                Son espadas, no son las espadas de la baraja española pero son espadas. También le dicen picas, corazones, diamantes, tréboles y espadas. ¿Todo te tengo que explicar? ¿ Vos nunca jugaste póquer vos?
Al toque sale el as de trébol así que recuperé entusiasmo y le dije que era la carta de la alegría. Ella puso cara de mirá que bien y seguí sacando esperando que aparezca alguna de corazones. ¿Por qué son tantas cartas para la alegría y una para la tristeza? Me preguntó y me dejó sin asunto, casi me levanto y me voy, en eso me acordé de algo que leí en un almanaque y respondí que la tristeza es una sola porque siempre es la misma, pero la alegría es innumerable como el pasto, ella abrió la boca así que abundé, es innumerable como las hojas en el otoño o las florecitas en la primavera.
Ni idea de qué es eso de que la tristeza es siempre la misma, déjame contar.
No, pará no te rías que esto así contado no es nada, nunca me jugué así a las cartas. As de corazones y le adelanto como quien hace precio, te vas a enamorar. Y entré a sacar de a una a la espera de una K, un rey y no pasaba nada.
Si, yo hablando de florcitas florecitas, con tal que la Carla me llevara el apunte cualquier cosa. Como quince cartas y nada. Y ella que me pregunta por qué tantas cartas. Y que le digo que eran las muchas dudas del amor, y que cuáles eran esas dudas y que la primera es si el otro te ama, y que la última si vas a sufrir cuando todo termine. Antes de encontrar el rey ya la tenía, ella me miraba con unos ojos para toda la vida y con un dedo apoyado en los labios, doy vuelta una carta más y era el rey de corazones. Puse la mejor cara de póquer de mi vida, me le acerqué y le dije, que de un mago.
Ella dudó y nunca la vi tan linda
“¿Cómo que de un mago?” Me dice y le mandé la frase preparada para la ocasión: “Te vas a enamorar de un mago” y la Carla me creyó.
Al rato andábamos a los besos y al otro día de novios y haciéndonos mimos todo el tiempo nos olvidamos de las cartas y todo lo demás. O eso creía yo, mirá que a todo esto nos casamos, nació el Fabián, la Ercilia y yo fui el tipo más feliz de la tierra.
¿Qué cuál es el chiste? El año pasado llego a casa y me la encuentro a la Carla tirándole las cartas a la Yolanda. Y la miro a la Yola que se había levantado a saludar y le pregunto que desde cuándo la Carla le tiraba las cartas y me dijo sin pensar que desde siempre.
¿Cómo que desde siempre? Le pregunté y la Yola abrió la boca para responder y se empezó a poner colorada. La miro a Carla y me miraba otra vez con un dedo en la boca, pero esta vez se lo mordía. Ni respiraban. Vos no te podés imaginar, de pronto se miraron las dos y se empezaron a reír de mi cara, las muy turras se habían estado riendo de mí cada vez que podían.
Yo no sabía cómo salir de esa y viene la Carla y me besa y me acaricia y me dice que si la perdono. Sin parar de reírse y yo me tuve que reír también. Además, me había abrazado y cuando me abraza y se para en puntas de pie me pone el cuello a la altura de la boca. Y me puede. Bueno, en realidad me pudo desde siempre.
¡Qué guacha!



Juan Benzo González
(Ushuaia, Argentina)
juanbenzo@hotmail.com

Friday, May 20, 2011

Ancile: AFANASI FET: O ESE SONIDO ALADO (II)

Ancile: AFANASI FET: O ESE SONIDO ALADO (II): "De nuevo con el gran Afanasi Fet, (Afanasi Afanásievich Fet -Афанасий Афанасьевич Фет-), y de nuevo de la mano el excelente traductor d..."

Saturday, May 07, 2011

Ancile: MAL DE LUJO... Francisco Acuyo y su poesía.

Ancile: MAL DE LUJO: "Varios amigos y amables interesados en mi modesta obra poética me pedían referencias bibliográficas sobre el libro ya agotado Mal de lujo ..."