Monday, September 19, 2011




POEMARIO DE AGOSTO

Al poeta José Antonio Muñoz Rojas


I

Amanece en la ribera y chillan las gaviotas
¡Cuánta prisa, cuánto temblor!
Las nubes bajas tocan algodonosas, las espumas.
Una mancha ordenada de sardinas
dibuja sobre el agua su presencia.

Amanece y la península 
es una flor que repite tu nombre;
un renacimiento de catedrales
hacen sonar con gozo las campanas.
Miguel Ángel se asoma
desde el Aleph que llevo entre mis ojos
y pinta para mí,  un día nuevo
rojo como Granada, la bella
azul como Florida iluminada
verde como la pampa húmeda
que me arrancó del vientre,
gris como el dolor
que producen las cosechas.

Amanece en las aguas de Agosto
y es manantial
guardado en mi garganta.
(No puedo callar el amor,
no debo).



II

Despunta el alba
al lujurioso fulgor de tus pupilas.
Entre las piedras, el silencio de los pelícanos
esperando la hora.
Se apresuran ardientes los cordones de espumas
y atrapan nuestros pies con su húmedo beso.

De pronto, a voz en cuello,
desde las olas sube
un Lorca que regresa de la muerte.

Y vamos ciegos, tras él
por estas aguas de sangres y de esperas
con un disparo de amor en nuestro pecho.


III

Hay tanta claridad
tanto dolor de caracolas
que en el mar se apaga.

Te besaré en la boca de la Alhambra,
sobre la costilla del último árabe
que huyó hacia los desiertos.

Montada en el Mencal
con cien Quijotes en mi lengua
voy a danzar el ritual amargo de las soledades
para arrojar sus cenizas al viento
y confesar la redención
que viene con tu nombre.

  
IV

Mi silencio es asombro
deslave apasionado,
la sensación del agua en el desierto.

Déjame amarte en el silencio breve
con lágrima de incienso,
en el altar inexplicable
por donde tu palabra sube.


V
  
Un mar de olivos de tus ojos nace
y se pierde polvoriento en el sendero.

Un mar de olivos en verdor sublime
cenicientos brazos que me alcanzan.

Bajo su sombra numerosa
esperan nuevo día, las palabras.

Y el celaje aurífero de un verso
colma el plato agreste de la vida.

Un mar de olivos es tu letra honda
y corre por el cauce de mis venas.

No sé hacia dónde, ni por qué me sigue
pero demoro el paso y dejo que me abrace.



VI

Y sigue amaneciendo en los ojos de Dios,
crisol inagotable a pesar de la sombra.

Sin embargo, la vida nos azota
en vana cicatriz, jamás estéril.
 Y es que sigue al final, amaneciendo
desde la boca a los pies, sin preguntarnos,
con el valor cercano a la muerte
manos abiertas por la risa
y el pecho poblado de gaviotas.

Sin mar en la garganta
mediterráneos, hierba feraz
somos retoños que en el aire exhalan
su trágico deseo de ser árbol.

Jeniffer Moore

( Extraído de Versos del Campo. A Jose Antonio Muñoz Rojas -  Inédito)

4 comments:

Jorge said...

He navegado por tu blog y me pareció excelente. He descubierto, modestamente, que tus musas caminan por el mismo sendero en el que pululan las mías.
Esta poesía tuya - sin excluir ninguna de las otras que leí en este sitio - es preciosa, Jeniffer.
Un abrazo grande.
Jorge.

Víctor Manuel Guzmán Villena said...

Saludos cordiales poeta. Excelente poema donde la acción del tiempo se relaciona con la historia del amor. Es la fuerza que ata al mundo hacia una armonía extensa que como espejo del alma descubrimos quienes somos y nos une en un soplo vivificante y unificante que anima a todas las cosas y a todos los seres.
Felicitaciones Jennifer, tus producción poética tienen resonancias en la literatura actual.
Víctor Manuel Guzmán
Quito - Ecuador

gaviotapatagonica said...

como dije en el facebook: bello y...como dice en tus versos "Hay tanta claridad"...
piq piq

Jeniffer Moore said...

Muchas gracias amigos por el placer de verlos y compartir con Uds. el arte de la palabra.
Un fuerte abrazo.